
Darse vida
en un espacio de mudos arbotantes
bajo pilares ambientados sin tiempo
aligerados con las réplicas de lo nuevo
calcificados en la mirada del soñador.
Abrirse
a la divina concordancia del centro
pinchando la luz con los dedos
enrolando la vista en las curvas
colmándose a tarascones
de los ruedos multiformes de un vitral.
Roer
con dicha la pulcra guarida
habitage de blancos gusanos
saltones inyectos de savia intramar.
Ambientarse
por lo más alto de terrazas y mandatorios
donde escupe al aire las convenciones
y descuelga el andamio de las nubes
y bajan en cruz los pies descritos
para ir a calzarse
con las esferas de fragmentos alabados.
Transitar
por este complejo veneciano futurado,
donde no son más los muros como mismos
y se habitan como dotes de autor
como gestos jugando al escondrijo
como alcobas nupciales donde se encinta
a la cal y el universo.
Brincar
de un paso largo la brecha abierta
entre una fe loca y la avenida
para darse con el desfatache principal:
óseoyermo, marinolunar,
el rostro de la morada urdida a trizas
que empalma al cielo con las olas
que truca al cosmos en casa y puertas
en residencia osada
en una piñata de tiempo y fiesta.
en un espacio de mudos arbotantes
bajo pilares ambientados sin tiempo
aligerados con las réplicas de lo nuevo
calcificados en la mirada del soñador.
Abrirse
a la divina concordancia del centro
pinchando la luz con los dedos
enrolando la vista en las curvas
colmándose a tarascones
de los ruedos multiformes de un vitral.
Roer
con dicha la pulcra guarida
habitage de blancos gusanos
saltones inyectos de savia intramar.
Ambientarse
por lo más alto de terrazas y mandatorios
donde escupe al aire las convenciones
y descuelga el andamio de las nubes
y bajan en cruz los pies descritos
para ir a calzarse
con las esferas de fragmentos alabados.
Transitar
por este complejo veneciano futurado,
donde no son más los muros como mismos
y se habitan como dotes de autor
como gestos jugando al escondrijo
como alcobas nupciales donde se encinta
a la cal y el universo.
Brincar
de un paso largo la brecha abierta
entre una fe loca y la avenida
para darse con el desfatache principal:
óseoyermo, marinolunar,
el rostro de la morada urdida a trizas
que empalma al cielo con las olas
que truca al cosmos en casa y puertas
en residencia osada
en una piñata de tiempo y fiesta.