lunes, marzo 31, 2008

GENAR





Al lado de la flor que piensa,
yace el delirio del hombre manso
y brotan semillas
que interrogan al sol.

martes, marzo 04, 2008

PRESENTIDO

Hay silencios
que unen fés partidas.
Hay concilios lunares
que se celebran de mañana.
Hay sustentos
que mejor los da el vino.
Hay espacios
para renacerse encontrado.
Hay veletas
que descifran el tiempo.
Hay carteles
que apuñalan la verdad.
Hay torturas
que se sostienen en poemas.
Hay cuartos sellados
de los que emana insurrección.
Hay Pitágoras
a la deriva de su elemento.
Hay fruncidas voces
que evitan tropezar.
Hay cariños en vuelo
por doquier entre las ramas.
Hay arbotantes
que dan llano a la oscuridad.
Hay presagiantes
del mapa en botella.
Hay candelarios
que emiten tos en vez de luz.
Hay harapos tramados
con hilos de que dirán.
Hay vergüenzas perfectas
de tomillo y menta.
Hay desarraigo nuevo
en el flotar de cada pie.
Hay un brote de silencio en demanda.
Hay una demanda
una ya demandada dé,
para unirse en la palabra.

Hay horas para ponerse vacío.
Hay un ala abierta
para irradiarse por la ventana.
Hay un decir que se acuesta solo.
Hay un pliego de letras
para poder hablar.
Hay evidencias
de que el encuentro no es torpeza.
Hay dolores blindados
por las musas del café.
Hay soledades
que se entusiasman tarde.
Hay jardines de magia
en los que almuerza el alma.
Hay guaridas nocturnas
que se abren sin oro.
Hay mensajes enviados
por la otra cara de la fe.

miércoles, febrero 13, 2008

NATURANOVA



Hasta antes de llamarse Barcelona le nombraron Barcino, mas luego la ciudad descubrió que era mujer. En usar su encanto fue precursora, dejándose esculpir por manos de hombres que la alabaron, dándose un tiempo para cada amante que se encarnó en estilo, siendo su preferido el modernismo, para el cual reservó un romance mayor y al que le dejó dibujar la silueta con la que se daría a conocer por el mundo.



Las más hermosas fachadas modernistas dan cuenta de los tiempos de holgura económica y opulencia creativa vividos durante comienzos del siglo XX antes de la guerra civil; balcones extrovertidos se lucen por todos lados, prestos para intrusear la vida ajena pero siempre con buen gusto, vitrales multicromados que simulan los brillos lejanos del campo reciben la luz en las porterías, cientos de muros exhiben retóricos esgrafiados y las flores… cuanta flor de pétalo inmóvil se aprecia con tan sólo levantar la vista un poco. Miles de flores sembradas en cemento, labradas en yeso, hierro y cristal, se mecen en quietura por los rincones.





Estando Barcelona alejada de todo sitio verde natural, añoraban sus habitantes la necesidad de volverse ser vivo en medio de la gran cementación. Siendo los arquitectos y albañiles de antaño, herederos de la práctica alquímica y sabiendo incluso de las más privadas necesidades del alma, fueron doctorándose en hacer florecer lo inerte, poniéndole luces a una ciudad de piedra e incitando a las hadas a merodear el pueblo.
Bañaron los arcos de las casas de trepadoras esculpidas, rizaron las ventanas con lirios, se animaron rejillas, feos ductos y barandas con follajes inéditos, esporeando las vibraciones del bosque entre los habitantes e impulsándolos a admirar la nueva frondosidad que iba surgiendo.





Para apoyar la tradición naciente, decidió la gente colocar recipientes con plantas en sus balcones, llegando a cultivarse pequeños Edenes colgantes por todos lados.
Estos alegres remansos, son cuidados por manos amorosas que los riegan y desmochan de una que otra maleza aburrida, pasándose horas en contacto con las matas, sabiéndose cada hoja y haciendo vigilia de su crecimiento… los dedos que proveen estima, son de mujeres ancianas, que suelen aparecer como ensueños blancos, como sutiles algodones que lo observan todo flotando, suspendidas en el columpio de su maravilloso balcón.



Estas mujeres, que jubilaron de algo para hacerse hadas, pulen cada día el alma de la bella Barcelona, dotan a esa A, de cualidad femenina, de color para hacerse humana, abierta, para seguir acogiendo en su jardín a los miles de niños sin edades que sueñan con visitarla.

martes, enero 15, 2008

DESPLIEGUE BATLLÓ


Darse vida
en un espacio de mudos arbotantes
bajo pilares ambientados sin tiempo
aligerados con las réplicas de lo nuevo
calcificados en la mirada del soñador.

Abrirse
a la divina concordancia del centro
pinchando la luz con los dedos
enrolando la vista en las curvas
colmándose a tarascones
de los ruedos multiformes de un vitral.

Roer
con dicha la pulcra guarida
habitage de blancos gusanos
saltones inyectos de savia intramar.

Ambientarse
por lo más alto de terrazas y mandatorios
donde escupe al aire las convenciones
y descuelga el andamio de las nubes
y bajan en cruz los pies descritos
para ir a calzarse
con las esferas de fragmentos alabados.

Transitar
por este complejo veneciano futurado,
donde no son más los muros como mismos
y se habitan como dotes de autor
como gestos jugando al escondrijo
como alcobas nupciales donde se encinta
a la cal y el universo.

Brincar
de un paso largo la brecha abierta
entre una fe loca y la avenida
para darse con el desfatache principal:
óseoyermo, marinolunar,
el rostro de la morada urdida a trizas
que empalma al cielo con las olas
que truca al cosmos en casa y puertas
en residencia osada
en una piñata de tiempo y fiesta.

viernes, diciembre 21, 2007

ATISBO







Adiós aquietados sentidos que dejo en vilo
de cuya pausa pretendo ausentarme.

Me huyo entre rostros amigos
y consigno dudosas pistas a mi existir.

A cada día, ya no le sostuve.
de cada hora, me descolgué.

Confinada al brío de elocuencia propia,
me embarco los pies en la aventura.

Aullantes recuerdos se tumban en mis brazos,
de este sueño copado, los largaré.

lunes, noviembre 19, 2007

PASANTES



Un collage de rumbos nuestros
dibujan esquinas entre sí,
angulan paradas mestizas,
colonias de frío y tenor fraternal.

La ruta se nos abre,
pensionándonos del tedio,
y entonces diseñamos
un mapa absuelto,
en donde querremos disecar
nuestros minutos llenos.
Imagen: Ancient Map

miércoles, octubre 24, 2007

FRANCISCO COPELLO





El presente artículo, consistente en un pequeño homenaje retrospectivo a la figura y obra del artista chileno Francisco Copello, se encuentra publicado actualmente en la última edición de ART NOTES, revista internacional de Arte y Cultura. Editada bimensualmente en Santiago de Compostela España, es distribuida en diversos países, por lo que todos sus artículos se encuentran simultáneamente en español e inglés.
Actualmente, me encuentro prestando colaboraciones para este medio, del cual pueden obtener más info y deleitarse con la calidad de su factura en http://www.artnotes.info/

FRANCISCO COPELLO: MOMENTOS ESTELARES

De no haberse asido a su propia voluntad pujante, seguramente Francisco Copello habría donado los días de su existencia haciéndose cargo de la fábrica de spaghettis que poseían sus padres. Después de tres años de llevar las facturas y evaluar las ganancias que arrojaba el negocio familiar, este hijo de inmigrantes italianos, nacido en Chile en 1938, se anunció presto para dar la vuelta y emigrar al país de sus progenitores, bajo el impulso de tocar sus raíces.
A partir de 1962, los pies inquietos que movilizaban a su espigada figura, fueron dando saltos por uno y otro continente, legando un extenso tramado creativo. A un año de su muerte, una serie de homenajes y retrospectivas instruyen al público chileno sobre la vida y obra de Copello; un fantástico creador que circuló por delante de los de su época, un explorador de lenguajes en uso y pausa, un artista invitado del mundo.
Sus inicios, los ejerció en el grabado. Luego de formarse en la Academia de Bellas Artes de Florencia, se especializa como grabador en el Pratt Graphic Center de Nueva York. Posteriormente, es becado con la Fellowship del New York Council of the Arts en 1971 y gana el premio Nicolás Copérnico con su grabado de título "Torso" en Polonia, año 1972.
Es en medio de esos años de juventud rabiosa por vivir e innovar, que comienza a conectar las fases de su cuerpo en torno a la danza y descubre un nuevo móvil de expresión: La performance. Estudia danza junto a la destacada coreógrafa Laura Dean y colabora en el teatro experimental del (en esos años) debutante, Robert Wilson, además de compartir escenas de trabajo y fiesta con Andy Warhol y otros promisorios entes neoyorquinos de la época.
Su primer ademán de retorno al medio chileno, lo da el año 73. Después de una fase de varios años en el extranjero, decide volver y presentar en Chile sus audacias visuales, eligiendo como día de estreno el 12 de septiembre de 1973: justamente un día después del golpe de estado de Pinochet.
Empacando talento y ánimo, parte nuevamente al extranjero, representando a Chile en la Bienal de Sao Paulo, volviendo por un corto trecho a Nueva York e instalándose por un buen lapso en Milán, aires bajo los cuales llevó a cabo sus más aventuradas performances. En esos tiempos, aparecía arrullado entre los pliegues de la bandera chilena, con el semblante en rotundo descontento, declamando en su gesto el grito de quienes morían en su suelo natal.
La transexualidad, la muerte, el narcisismo y el amor - odio, son las recurrentes temáticas bajo las cuales montó escena. En algunas presentaciones era un mimo rabioso, calvo, desolado, mientras que en otras se engalanaba con pluma y lírica para dar aliento a personajes de genuino glamour. Ciertas actuaciones fueron captadas en vídeo, como "The Chilean Boy" (2002) y "Hello Again" (2005), película en la que simula su propia muerte y renacimiento, grabada sólo meses antes de morir.
La cruza de conceptos e imágenes entre los soportes utilizados, es otro rasgo permanente en el rostro de su obra. Siendo la dinámica de la creación su mayor interrogante, Copello se auto refiere pictóricamente, trasladando imágenes de sus presentaciones, como "El mimo y la bandera", "Pictures of an exhibition" y "Esmeralda" a la plástica, o haciendo transferencia de simbología e imaginarios visuales, a la puesta en escena de videos como en "The painter" (1985).
Por otro lado, es en sus collages (sobre todo a partir de 1997, luego de su regreso definitivo a Chile) en donde apreciamos ampliamente su bitácora terrenal: fotos de infancia, partituras musicales, dibujos antiquísimos, trozos de periódicos, etc. dan forma a estructuras visuales en las que se abraza a su propio mundo, acoplando al fin a sus partículas viajeras en un fragmento total.
Más allá de las nacionalidades, su genialidad tenía raíz voluntariosa y hasta el día en que la muerte lo acunó a los 68 años de edad, siguió puliendo su cuerpo flexible todas las mañanas, danzando, actuando y grabando en pesadas planchas las imágenes que se le hacían puzzle en la frente calva.
Copello, que en su arte y fondo fue signo de estrella, aún sigue dando luces adelantadas, adjuntándole al universo un nuevo tono para brillar.

lunes, septiembre 24, 2007

AMBAS

Aquí estamos, entre largos minutos estrellados,
pero de choques entre ellos,
y sin luz de astros nos miramos
aunándonos las féminas miradas en espera,
hasta que pasen por nosotras,
A recogernos ya.


Entremedio de las dos, cayó una pequeña piedra. Más cerca de sus pies que de los míos y más cerca de mis manos que de las suyas, pero sin ninguna duda, iba la piedra hacia ella.
Permanecí sentada observándola. La caída del peñasquillo desde aquel camión que nos pasó cercano, la había remecido del ensueño en el que se encontraba reposando durante los últimos minutos.
Su cuerpo poseía una rigidez extraordinaria, al igual que sus cabellos, que ni ante el raudal de viento callejero emulaban movimiento. Lo inerte de su esencia, me hizo pensar a que edad se le habría mudado el gesto, y como era una mujer de años entrados, me pareció que hace ya tiempo que se había impavidado.
Lentamente, bajó su mirada hacia el suelo. Una vez descubierto el menudo proyectil, flectó las rodillas en perfecto paralelismo y, manteniendo en recto decreto a su columna, se agachó solo lo necesario como para alzar la piedra del suelo rápidamente.
- Esta piedra, que me iba a pegar en la canilla, me la voy a llevar, anunció mientras abría su bolso cuadrado de cuero marrón.
- Me la llevo. Soy muy buena para coleccionar piedras, ya tengo una fuente casi llena, continuó explicando mientras giraba un poco su tronco hacia mí.
Sin mirarme, llegó a compartir algo de su disfrute conmigo. Frunciendo un poco las cejas con tono de experta, sus ojos inspeccionaban la pequeña piedra gris, mientras la mantenía elevada hacia la luz del mediodía. De los labios casi inexistentes, brotó un temblor reflejo en la comisura, y aparte quedamos entonces todo el resto de la ordinariez colindante. Parecía contemplar la luminosidad del sol entrando por un diamante, indagándolo transversalmente, exhalando brillos en cada giro que le daban sus dedos, gozando del matiz y pureza de la joya encontrada.
- Me la voy a dejar de talismán para la buena suerte, dictaminó una vez acabado el análisis. Mantenía con la otra mano su bolso café abierto. Le dio una profunda mirada última al peñasco y lo echó dentro del bolso, el cual advertí, se encontraba totalmente vacío.
- Yo soy muy buena para juntar piedras, dijo levantando la mirada y viéndome fuera de foco. Luego volvió la vista al frente y se mantuvo en continua rigidez.
Siguieron algunos minutos más, en los que mi participación continuó siendo nula, cuando volvió a girar su tronco un tanto hacia mí y preguntó:
-¿Cuánto llevamos acá?
Sin saber bien que clase de respuesta esperaba, respondí:
- Quince quizás.
Miró hacia las nubes clavándoles la visión tensa y mantuvo unos segundos la boca un poco entreabierta. Contenía el aire durante su reflexión inmóvil, afirmando con su mano izquierda la correa del bolso marrón, dejando que el contexto común se reflejara en sus ojos sin enfocarlo, hasta que un entusiasmo se declaró en ella y me apuntó poniendo la vista muy cerca de mi oreja.
-¡No! Mucho más de quince, yo creo que llevamos unos veinte.
- Puede ser, acoté con rapidez para no dejar espacio al diálogo. Sólo me entusiasmaba observarla.
-¿O tú crees que quince? Preguntó veloz, sorprendiéndome con su maña.
Quedé inmóvil, dejando que los ojos se me tumbaran a mí también en las nubes. Tal como esperaba, a los pocos segundos volvió a su posición original, ya sin esperar respuesta.

- Yo creo que llevamos unos veinte por lo menos, dijo un par de minutos más tarde, torciendo el cuello hacia atrás, mirándome por sobre su lado izquierdo.
- Sí, de todas maneras, contesté sin esmero.
En el lapso continuo, prosiguió interrogándome, suponiendo números y aparentando impaciencia por que llegaran a buscarnos. Cuando finalmente nos recogieron, increpó al conductor por su tardanza y luego se ubicó en un asiento frente al mío.
Continuó el viaje en silencio. La mano sobre el bolso cuadrado, su rígida empatía entre nosotras, las vistas de ambas tendidas en la profundidad, cuando de pronto, por causa de un sobresalto quebrado en el pavimento, frenamos de improviso con gran brusquedad.
Su cuerpo saltó hacia delante, quedando de golpe ella al lado mío y soltando su bolso marrón, el cual voló y fue a darse contra el suelo, donde cayó abierto.
La ayudé a levantarse. Una especie de gusto me recorrió, ya que la tirantez de su hechura, por fin en algo se había roto. Lentamente, fue incorporándose hasta quedar sentada a mi lado. El conductor rehacía la marcha, continuando nuestro recorrido.
Ya el acento en todo había variado.
Su mano izquierda contenía la mía y al notarlo, me impulsé a mirarla, viendo como sus ojos me aguardaban. Montando su mirada en mis ojos preguntó:
- ¿Cuánto crees que llevamos?
Entonces me solté de su vista y miré hacia el suelo. Junto al bolso, se encontraban un puñado de talismanes invisibles.
Una vez más, tumbé mi vista en las nubes.

martes, agosto 28, 2007

PRIMAVITRA


Ese tono de crin coposo y mil oliente me aroma.
El oro se instala a bruñir el aire,
parafraseando a los cometas.

jueves, agosto 16, 2007

ENCLÁPSULA




Una avalancha de nubes mortecinas, atentaba contra el propio sol al comenzar sus días la pudra ciudad. Sin embargo, el cielo persistía con cierta gracia en su afán de embodegar a los citadinos, brindándoles de consuelo algunos atardeceres de colores robustos; rojos, naranjas y amarillos encarnados, que parecían dar importancia a tardes y noches de perfecta pasmedad.
De entre medio de los sabidos letargos con que cada cual cabalgaba a su irritante aislamiento, surgió de golpe una mujer. Sin nombre ni ideas, morena de tono y gesto y vacía al extremo, hurgaba como todos en las malezas del empleo sin gozar.
Caminaba a paso tenso, sobre gruesos tacones que no recordaba llevar, cargaba con el apuro del viento enrarecido y en su lengua atajaba cualquier malestar que flotara, dejándose secar la boca con letras ajenas.
Su rostro se le hacía tan reiterado al mundo, que pudo verlo reflejado sobre una tapia de ladrillos, sin que la turbase en lo absoluto, durmiéndose aquella noche sin esmero y muriendo momentos antes de que su pieza se iluminara, con los rayos de un nuevo atentado matinal.
Al sol se le hizo día recordándola sin verla y los pasantes de urbe la ojearon un tanto sin remembrarla, colgando la vista en la arrebolada bóveda, que esa tarde como ninguna, verdeó por entero su nubarrosa cubierta.

miércoles, agosto 08, 2007

ELLE EST DEBOUT


EL PIE DE MÁRMOL

Dicha escultura, fue dada por Camille Claudel, que recortó el sobrante marmóreo, infragándole vida a la extremidad.
Rodin, su pareja de la época, cinceló su nombre ajeno en el tobillo, costumbre tosca de aquella época ya vencida.
Tiempo después, al ser ofrendada con el desprecio del escultor, Camille lanzó su pie al río, corrió a su taller y desmembró con un hacha su propia obra.
El resto de sus días se los hurtó su hermano Paul, encerrándola de por vida en un manicomio, pese a sus ruegos desesperados.
Soñando con su drama, vivifiqué por segundos su rol. En la lóbrega ribera parisina, sobre el mismo puente de la acción, marco aquel pie con su nombre y lo envío a las aguas. Su Claudel bien puesto remansa, bajo el temple quieto del Sena.

martes, julio 03, 2007

LO QUE ME DICES





Guardo a tus confesiones
bajo mi piel de raso.


En cada guiño que se te escapa,
veo el saludo del loco.

miércoles, junio 06, 2007

RECUERDO EN OBLICUO




Entrar a la casa de mis tíos, ubicada en la calle Lynch, en la comuna de La Reina, era la vía directa para integrarse con los olores propios de nuestra mixtura Latinoamericana: Libros, lanas, quesos, cueros, pisco sour, cigarros, hojas, pan, musgo y vino, portaba en su estela el grueso perfume criollo, que con fuerza brotaba y se extendía largo por el resto de la cuadra.
El jardín, no contaba con mayor ambición que prestarse para el encuentro. Bajo un añoso parrón, muchas tardes nos vimos, los adultos y yo, entonando holgadas conversaciones. Junto con las frases al cielo, acogidas por orejas y aves atentas, flotaba la nostalgia anticipada de Abba, los desmanes musicales de Mozart, la buena letra de Violeta Parra...
Sobre la misma mesa iban confluyendo ideas bipolares de mundo, pero talladas con puras manos de buena intención. Con cada plato se abría un nuevo capítulo en la conversación, y yo a pesar de mis pocos años disfrutaba el suceso, sintiéndome partícula de un ciclo mayor.
La tarde se dilataba y con alguno de mis tíos íbamos hasta un pequeño local de esquina para abastecernos de cigarros, vino o whisky y un helado para mí. Después de comprar, nos detuvimos frente a un caserón continúo cuyo enmarañado jardín poseía un aura fascinante. Con toda claridad se percibía un cuento olvidado deambulando por el jardín. Quizás quería entrar a la casa, metiéndose por alguna de las recobequeadas ventanas o cruzando las pequeñas puertas de madera, que sin duda alguna, habían sido diseñadas por una mente infantil.
Junto a uno de los ventanales del frontis, observamos una cabeza canosa que descansaba sobre un cuerpo sentado junto a un piano de cola. "Es la hormiga"- me dijo mi tíatío, no lo recuerdo bien – "Ella fue esposa de Pablo Neruda"
"¿Hormiga?" pregunté con voz curiosa. A Neruda lo conocía perfectamente, ya que en los libreros de Lynch había notado su nombre, además con mi tía nos reíamos de su voz de pelícano agonizante.
"Sí. La Hormiguita" me respondieron. "En realidad se llama Delia del Carril, ella es pintora, pinta caballos"
Mi fascinación por aquel personaje fue absoluta. La encantadora abuela mágica sin nietos, permanecía en quieta observación, visitando antiguas reseñas en su memoria y dejándome inconclusa hasta no saber de esas historias a mí también.
Años después, podría ingresar a ese parque (bautizado por Neruda como Michoacán) en el que Latinoamérica también se había dado grandes farras y permitido holgadas siestas culturales. Aún se sentía al cuento dando vueltas en el parque; la nueva guardiana de nombre "Rosita", tampoco le había donado el entrar.
Gracias a esta mujer, mezcla de enfermera, chamana, secretaria y periodista, husmeé con decoro los aires privados de la Hormiga por un par de horas. Fue ella quien le sostuvo la cabeza al morir y quien la cuidó prolijamente, durante los últimos años de sus 104 de existencia. Ahora, las cenizas de Delia habitan una pequeña ánfora ubicada en su antiguo dormitorio, junto a fotografías de antaño y un libro de Rafael Alberti. Frente a la cama, una silente tela en blanco lucía como recibiendo a los equinos invisibles, que una mano sin hueso podría plasmar.
En otros rincones de la casa, entre penumbras agotadas, aparecían las huellas del vate: En el living, una impactante colección de mariposas gigantes, (¡¿Que dejó por descuido?!) resplandecían en tornasol azulverde. En el escritorio, las numerosas repisas sin libros, ásperas de tierra y olvido, trepaban por la escalera de madera para reencontrarse con el abandono, en los estantes vacíos que un día alojaron a las caracolas. Una vez dentro de esa pequeña sala, Rosita se sienta y golpeando los brazos del sillón relata: "Este era el sillón de don Pablito" y suelta una risa menuda. Por la ventana del balcón, veo como un aire retorcido se escurre entre el añoso follaje y escala un árbol próximo a la casa, sentándose en su copa.
"Y como es sabido, a don Pablito le gustaba coleccionar muchas cosas, entre ellas mujeres"... prosigue Rosita levantando su ceja delgada hacia el ventanal... "y ahí empezaron los problemas"...
Un ventarrón sacude las hojas verdes del desconcertado árbol, en plena tarde de Enero. Pausada y con genuina indiferencia, la guardiana cierra con llave el balcón, y volvemos abajo, para dar una última rueda por el universo de Delia, por su humanidad, arte y espíritu.
Gran parte de sus obras, están expuestas en la planta baja, entre medio de muros y corredores que albergaron a Pedro Rivera, Rafael Alberti, María Luisa Bombal y otros de los más grandes artistas Latinoamericanos del siglo XX. La existencia de esta casamuseo sin fondos, es hoy sustentada por el gran esmero de una abnegada centinela del recuerdo. Al despedirnos, mi abrazo le agradece su velo de retazos atemporales y por sobre su hombro, diviso al cuento errante por última vez.
Todavía faltan años para poder vivir estos recuerdos. Al salir, regreso a la tarde en las afueras del boliche de abarrotes.
Volvemos con mi tíao a casa, para seguir atrincherándonos de ese posible domingo bajo el parrón. Los viejos siguen tertuliándose y yo vuelvo a pensar en la Hormiguita, en su crin cana, en su semblante lleno, en los ojos arrugados que nunca me han visto, en si algún tono ajeno le habrá conquistado su acento argentino...
Al vapor de quesos, vino, tierra mojada y cigarro, me va meciendo la modorra vespertina... mi vista aprieta las uvas amargas del parrón... estoy en Latierra, Latinotierra... anhelando crecer, para que lo visto se torne en memoria.

miércoles, mayo 16, 2007

OROÑO



Y al tiempo que entonaban la sonata craquelada, las hojas estelares se tiznaron de un color lento.

martes, mayo 01, 2007

AQUÍ EL TRABAJO

(Y de cómo la angostura de lo amargo, resume el impulso vital de ciertos.)

Cuando me vengo en la mañana, para ir a trabajar, de sólo ver tanta cara desafinada, quiero agarrarme las piernas y volver.
En el bus, si la torpeza matutina hace escupir a alguien una sonrisa en voz alta, cientos de ojos cercenadores interceptan la osadía del bocón.
“A ubicarse bien, que la vida NO es un JUEGO, pues. Que sin alcoholes a destajos nunca hay de que reír”- Exclama por debajo de las cejas el micrero, el pobre conductor con su visión de mundo sustraída, aquel primer matón de las ilusiones tempraneras, que nos choferea hasta la entrada de nuestra ancestral obligación: EL TRABAJO
Y, empieza el trabajo. Este confín de hechos sin recuerdo en el que deberíamos brindar nuestro talento y servicio, pero en el que generalmente terminamos perpetuando nuestras mayores vilezas sordas: crítica, envidia, codicia, mentira, indolencia, depredación, contumacia y manutención forzada de uno mismo.
“Trabajo, trabajo, lo más importante es el trabajooo!!!”
Sólo una tribu sapiens ungida por el signo zodiacal de Virgo, proclamada independiente un 18 de Septiembre, puede autocondecorarse el pecho con una enorme T invisible. Sin embargo, aunque tanto nos pavoneemos con el cumplimiento del mandato laboral, resultó ser que ese 1810, como ascendente se nos asomó Sagitario en lo alto y entonces, mi querido pueblo del diablo, se nos insertó la flecha del centauro arquero por el hoyo del traste y desde ese momento sólo quisimos lanzarnos de panza al vino, a la fiesta, al sexo casual y a la dionisíaca pereza de darnos mil vueltas por ahí por puro deleite y sin objeto fijo. O sea, cuando en buen chileno “sacamos la vuelta” en vez de enfocarnos en el rutinario quehacer diario, es porque nos arden las pezuñas aventureras por tirarnos a gozar la buena vida y poca vergüenza... pero antes que el rostro se afine demasiado en su tono, la mano virginal nos tuerce las orejas de burros insurgentes y una vez más abordamos los buses que a la muerte del día nos devuelven a nuestras correctas y asumidas realidades.
En nuestras oficinas, día tras día el conformismo derroca a la pasión y a sus impulsos inspiradores, soñar es padecer incoherencias cuando dormimos, un cesante es siempre un sospechoso y la felicidad se cuantifica en horas hombre...
Hoy, desde mi pequeña guarida laboral, lustro mi gen de súper héroe... el trabajo es una mera actividad aparente y en cada minuto libre concurro a vivir mi verdadera misión.


FELIZ DÍA DEL VERDADERO TRABAJO

miércoles, abril 25, 2007

NODO ANGULAR


A veces, caigo al desestimo que la realidad pervierte.
Anhelo desayunarme la pastilla de filtro satinado, empulecerme con urdana tontera, maquillarme la boca sobre el reflejo de mis afectos paridos y guiñarme el ojo terso, por ser tan neutral.

miércoles, abril 04, 2007

AÉREO V



Siseando al aire de las regias montañas,
el puro negro del cielo escupió,
el fulgurante encanto latoso
de un platíbulo violador.
(Imagen Paul Landacre)

viernes, marzo 16, 2007

VII




Un tan grande calor me amortaja el habla.

El suelo se hace copla
y estas hormigas,
ordeñan mi perfume oscuro.

martes, marzo 06, 2007

Ventura Austral

Antes de la lluvia, salimos a aplanar un poco más el pavimento de Pucón. Pasado el rato, decidimos entrar en una tienda. Tras el mesón, un hombre antiguo nos recibió con la mayor calidez que he percibido de un dependiente en años. En silencio, su mirada respetuosa nos acompasaba sin intimidar. Su presencia animaba a cada objeto visto, marcándole el ritmo a nuestros ojos para que volvieran a observar.
Entre las repisas, encontré unos juegos de posavasos inscritos con las famosas preguntas de Neruda y comencé a leer cada una de ellas en voz semialta : ¿Porqué se suicidan las hojas cuando se sienten amarillas? , ¿Quiénes gritaron de alegría cuando nació el color azul? , ¿Cómo se llama una flor que vuela de pájaro en pájaro? ... Dieciocho veces pregunté y una sonrisa pronunciaba el anciano tras escuchar cada acertijo. "Vuelvan cuando quieran", fueron las tres palabras honestas con que nos despidió.

Luego, al salir a la calle, fuimos llamados desde la altura.
El Tiuque, ave príncipe del nubarrón sureño, clamaba por hacerme levantar la vista, para clavar en mi frente su ojo inmunizante. Su graznido, silbó como el compendio de todas las músicas del mundo. Al cerciorarse de que así lo había comprendido, el pájaro arribó en su propio vuelo.
El frío exprimía a la tarde y comenzamos a apurar el paso.

En una esquina, la vitrina de un restaurant exhibía una gran parrilla ardiente. Al pasar al frente de las llamas, las saludé distraída, sonriéndome como siempre, al sentir su calor. De golpe, mi visión tosca fue convocada y tuve que ver.
Al frente de las brasas, un pequeño niño, seguía concentrado el movimiento que dibujaba el fuego a través del cristal. Sus ojos corrían con esmero detrás de cada rulo y chispazo que procedía del fogón. Pareciendo estar bajo la seducción de una sustancia que me gustaría probar, sus brazos hipnotizados comenzaron a levantarse y fueron improvisando una danza tribal. El pequeño homenajeaba al fuego, dictándole su trayectoria, abriendo los puños para crear explosiones y despertando con sus manos a las llamas que aún dormitaban bajo el carbón.

Me abracé a mi acompañante y dejé que las lágrimas me barnizaran el momento.
Había sacado a mi lucidez de su remojo en tedio y los tersos regalos de la vida llegaban para instalarse en mí. Paz, Visión, Creación, se me ofrecían sin envoltorios la tarde en la que cumplí 29 años.

jueves, febrero 22, 2007

TARDE

La tarde ya está vacía.

Pasó el minuto colegial y el redaño tempranero.

Se le antojó una salvedad,
más la criada no fue a atenderla,
puso mano y vientre en pulir el deseo ajeno
y en desavivar su sino viable,
por jugarle los días al patrón.

A vista mía y de los mismos
se enfrenta el cielo con el televisor,
encienden ventanas de miradas yermas,
los niños que tarean hasta la cuenca del atardecer.

En la mesa de la plegaria tardosa,
el pan se calienta, y frías
a las horas se las lleva.